
De acuerdo con un reciente estudio, la costumbre muy arraigada de dar unas buenas nalgadas a los niños para corregirlos no es una buena idea, y por el contrario, podría estar gestando un hombre violento y resentido.
Dos expertos canadienses en desarrollo infantil analizaron dos décadas de investigación y concluyen que, "prácticamente sin excepción, el castigo físico se asocia con mayores niveles de agresión contra los padres, los hermanos, los pares y los cónyuges".
Aunque estudios han mostrado que en Estados Unidos los azotes se han reducido desde la década de 1970, muchos padres todavía consideran que es una forma aceptable de castigo para los niños traviesos.
Los autores señalan que el castigo físico se relaciona con varios problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y abuso de las drogas y el alcohol. Incluso, podría alterar partes del cerebro que se relacionan con el rendimiento intelectual.



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