
Corren, gritan y brincan por toda la casa sin un propósito definido, toman decisiones drásticas sin medir consecuencias y les cuesta trabajo concentrarse en la escuela. No son casos perdidos, sino chicos con transtorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que necesitan cuidado especial para no desarrollar nuevas patologías.
Se calcula que entre 5 y 10% de la población mexicana menor a 20 años podría ser diagnosticada con TDAH (comúnmente conocido como hiperquinesia o hiperactividad), que se caracteriza por tres síntomas: gran distracción, tremenda impulsividad y actividad exagerada; en la mayoría de los casos se presentan tanto falta de atención como hiperactividad por igual, aunque no es raro que predomine uno de estos aspectos sobre el otro.
Debido a que los síntomas promueven actitudes como desorganización al hacer tareas, impaciencia, baja tolerancia ante la frustración y cambios bruscos de carácter, hablamos de chicos difíciles de educar a pesar de tener un coeficiente intelectual normal, incapaces de mantener buenas relaciones con sus compañeros y, finalmente, introspectivos debido al rechazo por parte de adultos y amigos, quienes los consideran irritantes.
El TDAH se detecta antes de que el niño cumpla 7 años de edad, aunque los síntomas son más graves en unos casos que en otros y cambian de acuerdo con el ambiente en que el pequeño se encuentre (familia, escuela, consultorio) o según el modelo educativo que ha recibido. Lo más indicado es acudir al pediatra o médico familiar para que haga un diagnóstico, determine si efectivamente se trata del transtorno por déficit de atención e hiperactividad y remita al infante al psiquiatra o psicólogo infantil para su posterior tratamiento.
No exageramos. Considere que la falta de atención a estos problemas puede originar problemas de conducta más severos en etapas posteriores (en la adolescencia, por ejemplo), más si tomamos en cuenta que estos niños tienen la cualidad de ignorar la autoridad. En contraparte, si se busca "corregir" la conducta con regaños o chantajes se obtendrán resultados contraproducentes, pues aunque el pequeño tiene el deseo de cambiar, la imposibilidad de controlar su impulsividad se transformará en baja autoestima y frustración.
Causas y terapia
Las causas de este transtorno son todavía desconocidas,
aunque se reconocen algunos factores de riesgo y se sospecha de otros tantos
que continúan en estudio. Lo que sí se sabe es que afecta más
a los varones (en México aproximadamente 4 por cada niña) y que
los síntomas dejan de presentarse entre los 16 y 25 años de edad.
Entre las hipótesis que explican el origen de este trastorno están:
- Baja actividad del sistema nervioso central, que se compensa con el aumento de la actividad motora (correr y brincar desmedidamente).
- Baja producción de sustancias empleadas en la comunicación neuronal (catecolaminas): dopamina y noradrenalina.
- Alteraciones de la glándula tiroides.
- Estrés de la madre durante el embarazo (fumar durante la concepción es factor de riesgo para tener hijos hiperactivos).
- Incremento de los niveles de plomo en la sangre, sobre todo por residir en zonas muy contaminadas.
- Consumo excesivo de alimentos con aditivos (saborizantes, conservadores o colorantes) y azúcar refinada.
- Peleas conyugales frecuentes, padres muy críticos y represivos.
La solución a este problema de conducta, como puede verse, no se encuentra en el control a través de férrea disciplina, sino de terapia psicológica destinada a mejorar el ambiente familiar y escolar, favoreciendo mejor integración del niño a la vez que se le muestran técnicas de modificación de conducta que le ayudan en la realización de tareas y planificación de sus actos.
También es posible que, luego de evaluar su caso, el niño necesite medicamentos especiales para tratar el TDAH, cuyo mecanismo consiste básicamente en producir un efecto tranquilizante sobre el cerebro. Dado que su administración requiere la vigilancia de un especialista en salud mental, lo más recomendable es que el niño y sus padres acudan a un psiquiatra.
Recuerde que entendiendo este transtorno del infante y tomando conciencia de sus implicaciones, los padres ayudarán a que sus hijos no contraigan problemas debido a su actitud incontrolable y nuevas patologías que pudieran afectar su desarrollo como ser humano.
Mario Rivas



Otra versión
Hay otra versión de este transtorno y que considero más difícil de diagnosticar, ya que no presenta hiperactividad. El déficit atencional sin hiperactividad se estima que lo padecen una mayor cantidad de niños y que no poseen un tratamiento adecuado. Al no presentar hiperactividad, no demuestra el problema, pero sí muestra los problemas de la falta de atención, como llegar al colegio siempre sin tareas, perder lo útiles escolares, no prestar atención en clases, etc.
Informalmente me diagnosticaron esto cuando ya estaba en la universidad, y todo comenzó cuanto comenté que siempre tenía que repetirme mentalme todas las instrucciones que me daban, porque no las comprendía en una primera instancia y que debía asociar las tareas con otras cosas para que no se me olvidaran. Esta constumbre de sacar lo escencial de las frases y asociar cosas con otras argumentan mi elección de ing. en computación como carrera profesional ... curioso no?
Javier
Muy interesante lo que nos comentas de cómo fue el proceso para la elección de tu carrera, muchas gracias por tu aportación también el lo que se refiere a déficit de atención y es verdad yo tuve alumnos de primaria que presentaban ese problema sin tener hiperactividad, estoy segura que algunas de las personas que leen este artículo le servirá tu experiencia.
Saludos
Aracely