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Seguir siendo Buen Papá...después de una Separación

Enviado por Bruja! el 26/10/2008 a las 10:53 PM
Bruja!

separacion.jpgTodo el mundo habla de ‘los hijos de padres separados’ y eso me parece errado, porque lo que se separa es el matrimonio, pero los padres debieran permanecer unidos para siempre”, advierte de partida el doctor Arturo Roizblatt. Y es que, para este psiquiatra y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, tener clara la diferencia entre ambos conceptos (el de padres, por un lado y el de ex cónyuges, por el otro) es fundamental a la hora de ejercer una paternidad adecuada.

Eso sí, señala que es esencial que “previo a la separación, los papás hayan hecho todo el trabajo posible por mantener su matrimonio, considerando que lo mejor para los hijos es tener a padres bien casados”.

Pero incluso en el peor de los casos, es decir, si los esfuerzos son infructuosos y la ruptura es inevitable, los hijos de matrimonios separados pueden tener el mismo pronóstico que aquellos de matrimonios bien avenidos, siempre que los padres se preocupen de realizar una co-paternidad satisfactoria, estima este especialista.

Lamentablemente, las cifras revelan que en la mayoría de los casos, esto no sucede. “En un estudio con más de 2.200 hijos de matrimonios separados, cuyas edades fluctuaban entre los 7 y 11 años de edad, se descubrió que el 47% de los niños no había visto a su padre durante todo el año anterior a la encuesta. Sólo un tercio de ellos (34.7%) lo veía regularmente, una vez a la semana, y lo que es más grave, sólo el 27% de los encuestados tenía en la casa de su papá un lugar para guardar sus pertenencias, lo que es importante para los niños, porque influye directamente en que puedan sentir ese hogar como propio y tengan verdaderos deseos de estar en él”, cita el doctor Roizblatt.

Papá por siempre

La relación que los hijos mantengan con el padre que se va (generalmente el hombre, aunque también puede darse la situación inversa), dependerá mucho de cómo fue la etapa de pre-ruptura. Si este período estuvo marcado por violencia, malos ratos, gritos y muchas discusiones, y los hijos fueron testigos de ello, es muy probable que la separación sea un evento tranquilizador para los hijos. Por el contrario, si nunca percibieron malos tratos o fuertes diferencias entre los padres y, además mantuvieron una relación estrecha con ellos, la separación los toma por sorpresa y les provoca gran desconcierto.

“Por ello, lo ideal es que antes de la separación los esposos tengan la certeza de que van a dar a sus hijos una buena pareja de padres post separación, y que quede claro que el que se separa es el matrimonio, pero no los padres; ellos, independiente de lo que haya ocurrido en el matrimonio, siempre debieran estar juntos. Hay que pensar que incluso cuando sean abuelos, les va a tocar encontrarse un día en la clínica, a la espera de un nieto”, apunta Roizblatt.
Para aminorar las dudas y aprehensiones infantiles es recomendable tener una conversación con los hijos, en la que se les explique, de acuerdo a su edad y a las condiciones específicas de esa separación, dónde va a vivir el padre que se va, con quién y cómo van a seguir contactándose con él. “Y eso debe cumplirse, pues si el papá mantiene una relación cotidiana, estable y predecible con sus hijos, ellos tienen un excelente pronóstico”, recalca.

Admite, eso sí, que la mayoría de la parejas no trata estos temas previamente. “Muchas veces hay una sensación de urgencia tan grande porque se produzca la separación física, que no se habla de estos asuntos y después se suscitan los problemas. Por ejemplo, el hombre pensaba que iba a llegar a comer con los niños a su antigua casa, como que aquí no ha pasado nada, y eso daña a los hijos, porque les produce fantasías de reconciliación. Si ellos ven que su papá y su mamá están sentados en la mesa, como antes de la separación y están bien, los niños sueñan con que se reconcilien como matrimonio, y cuando eso no se produce, se frustran, se entristecen, vuelven a sufrir el mismo dolor que inmediatamente después de la ruptura, y eso les va a impedir crear cicatrices emocionales”, afirma.

Tampoco es conveniente que los ex cónyuges planeen actividades en conjunto, ya que ello puede crear confusiones en los hijos. “Si el padre y la madre tienen que reunirse para hablar de los temas pendientes, es mejor que se reúnan solos, para que los niños no alimenten sueños que ya no van a ser posibles”, precisa.

Rabia natural

Cuando existen situaciones que no han sido resueltas entre la pareja, es común que exista rabia de por medio, lo que puede interferir en la relación padre-hijos. “Los ex cónyuges suelen pensar ‘ojalá no lo viera nunca más en mi vida’, sin embargo, por el bien de los niños, hay que esperar que no suceda así. Además, tienen que asumir que quien eligió a ese papá y a esa mamá fueron ellos mismos, entonces ahora tienen que hacerse cargo de eso”.

Por eso es ideal que antes de separarse físicamente, la pareja pueda definir cómo el padre que se aleja del hogar seguirá ejerciendo su rol. “Ojalá permanezcan muy vinculados con las actividades cotidianas de sus hijos y no se convierta en un Papá de Fantasilandia, que aparece los domingo o festivos, que llena de golosinas y diversión a los niños y después los devuelve a la casa. Es necesario que el hijo vea que su papá está todo los días con él, en las actividades normales de su vida y también en las de diversión”, enfatiza.

Es frecuente que los padres que ya no viven con sus hijos deseen ‘apro-vechar’ el tiempo juntos realizando sólo actividades agradables. Sin embargo, este psiquiatra recalca que ser padres es mucho más eso. “Parte del rol del papá también es estar en los momentos desagradables con el hijo. Llevarlo al médico, al dentista, ayudarlo en las tareas del colegio, acompañarlo a actividades deportivas y a lugares de diversión. Eso es ser papá”, sostiene.

Más cerca de los hijos

Involucrarse en aspectos prácticos y cotidianos es probablemente una de las claves para no perder cercanía con los hijos, aun cuando a simple vista no se perciba la importancia de asuntos que parecen ‘detalles’, como reforzar los hábitos de aseo personal, respetar las horas de sueño y las rutinas, en general, además de tomar
parte en las actividades escolares.

“La mujer ni siquiera tendría que estar pidiendo al padre de su hijo que asista a las reuniones de apoderados, porque ambos debieran tener la misma conciencia de su deber de asistir. Precisamente en estos casos, y para tener un mejor conocimiento de lo que le pasa al hijo, los padres que ya no viven juntos debieran involucrarse más, porque no mantienen una comunicación constante, como antes”.

También es importante que la madre (o quien se quede con los niños) brinde todas las facilidades para que su ex pareja pueda ver a los hijos. “Para eso habrá que establecer un programa que no altere la cotidianeidad de ese niño, ni tampoco su la relación con la mamá, porque a lo mejor al papá le resulta muy cómodo encontrarse a las 8:30 de la noche con el pequeño, pero justo a esa hora el niño come o se va a dormir, entonces hay que ver cómo armar una sola rutina, en que quepa la relación del hijo con el papá, con la mamá, y siempre pensando en el beneficio del menor”.

A su juicio, es comprensible que la mujer no desee que su ex marido entre a su hogar. “Si bien es la casa donde viven sus hijos, es un lugar que ya no le pertenece y donde ya no tiene injerencia ni autoridad como dueño de casa; algo que les cuesta mucho aceptar a algunos hombres. Aquí el desafío es cómo el papá lleva su relación con los hijos fuera del hogar, lo que es especialmente difícil cuando los niños son muy chicos”, señala.

En otras ocasiones especiales, por ejemplo si los hijos están enfermos, estima que la madre debiera tener la flexibilidad suficiente para aceptar que, excepcionalmente en esos días, el padre se relacione
con sus hijos dentro de la casa.

Una familia distinta

Para resguardar la estabilidad emocional de los menores, no es aconsejable que ellos perciban que el padre sale de la casa para irse a vivir con otra pareja (aunque en los hechos así haya ocurrido). Según Roizblatt, ello no solamente es inadecuado para el recién separado, sino también para los hijos, “que se sienten muy traicionados por este papá. En la mayoría de los casos, requieren de mucho tiempo para adaptarse a la nueva pareja de su madre o su padre, y si los adultos no tienen esa paciencia, se pueden dar problemas bastante serios. El tiempo y la paciencia son los dos elementos que juegan a favor de una familia mixta o ensamblada, pero el apurar una buena relación con personas que los hijos apenas conocen, generalmente lleva a que las relaciones no sean buenas”.

Asimismo, es esencial reforzar ciertas ideas-fuerza en los hijos: que a pesar de todo, se sigue siendo una familia (aunque en forma distinta), que ellos no tienen ninguna responsabilidad en el quiebre matrimonial, que se les ama tanto como antes y no se les abandonará (aunque físicamente no se viva con ellos), que no necesitan tomar partido por uno u otro. Asimismo, que es normal que al principio experimenten pena, rabia o frustración, pero que estos sentimientos
irán quedando atrás con el tiempo.

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